jueves, 16 de abril de 2015

Sonría, estamos trabajando.

Observando un poco a la gente, en las vertiginosas veredas del centro de la Ciudad de Córdoba, me pongo a pensar por qué tienen tanto apuro, para qué hacer todo tan rápido. Al instante se me viene a la mente el dinero, “mientras más rápido lo haga, más vendo, más produzco, más demuestro mi habilidad y mejor me pagan”. A continuación surge la siguiente pregunta necesaria: si nos apuramos por dinero… ¿para qué queremos dinero? Lógico, para comer, vestirnos, pagar los gastos habituales, y con suerte darnos algún gusto... Entonces el día comienza bien temprano, tomamos un café a las apuradas, sin disfrutar, para no llegar tarde a un trabajo de rutina que va a durar hasta que se haga de noche. Salimos, exhaustos, y llegamos a casa sin otra necesidad que comer y dormir. 
Así los viernes se vuelven un alivio y los domingos un tormento. 
Nos quejamos de que no nos gusta lo que hacemos, pero lo seguimos haciendo porque “no hay otra”. La pregunta es ¿realmente no hay alternativa? Trabajar es fantástico, porque reúne todos los condimentos que necesitamos: las personas, el dinero, la motivación (a veces), el prestigio social y el aprendizaje. Pero le falta un ingrediente a esa receta tan frecuente: el ocio. Lo que muchos llaman “disfrutar”. El ocio queda relegado a los fines de semana, donde dejamos de ser parte del eslabón y nos convertimos en nosotros mismos. O sea que somos lo que queremos dos de cada siete días. Los demás, somos lo que debemos ser. Entonces viene otro cuestionamiento: ¿podemos ser lo que queremos de lunes a viernes también, disfrutando del trabajo sin considerarlo una obligación? ¿por qué no? ¿podemos dejar de ver al trabajo como un mal necesario? ¿por qué no? Y ahí lloverán excusas del tipo “mi jefe me trata mal”, “mi compañera de trabajo me hace la vida imposible”, “no me gusta cumplir horarios”, “me pagan poco y no reconocen mi esfuerzo”, “me siento estancado y la plata ya no me alcanza”, etc. Insisto en que son excusas. 
Porque cada día que vos te levantás a las ocho a dar clase, tu alumno también lo hace, y capaz a ninguno de los dos les gusta, pero a futuro vos vas a haber hecho bien a alguien que, tal vez sin decírtelo nunca, te lo va a agradecer eternamente (quizá porque gracias a lo que justo aprendió esa mañana ganó un concurso de televisión, quizá porque le sirvió para llenar un aburrido crucigramas de domingo, o quizá porque eso motivó a que hoy sea el mejor médico del país… quién sabe?). 
Porque cada día que vos te levantás a la madrugada para preparar el pan, hay gente que, horas más tarde, va a tener ganas de comer ese pan, porque es único, diferente al resto, es el que conoce y con el que se alimentó toda la vida… mirá si no lo vas a hacer…
Porque cada día que vos te levantás para atender el negocio, alguien también se levanta feliz de que pudo juntar su dinero para ir a comprarte eso que tanto quería, el lujo que soñaba, y que lo vió en la vidriera desde principio de mes… mirá si no vas a abrir... 
Todos y cada uno de nosotros tiene una misión en la vida, de la cual el trabajo tiene mucho que ver. No lo veamos como un medio, veámoslo, aunque sea por hoy, como un fin: trabajo porque me hace bien, porque le hace bien a muchas otras personas, porque si los demás no hicieran su trabajo serían imposibles muchas cosas: que un solo lugar (a la vuelta, o al frente de tu casa) estén todas las frutas y verduras que se recolectaron y cosecharon en provincias separadas por kilómetros. Que en un solo producto esté contenido el conocimiento de años de investigación, de trabajo, para que vos hoy estés leyendo algo que otro escribió, desde tu casa. Que en un solo servicio podamos reducir las fronteras de los países a un mensaje por whatsapp. 
Sin el trabajo de los demás, la vida se volvería precaria, como cuando el hombre cazaba y pescaba. Por eso hoy brindo por el trabajo y los trabajadores y llamo a la reflexión. Tu trabajo, sea el que fuere, es una fuente útil para el resto de la sociedad, así como el trabajo de los demás es útil para vos. Sólo por hoy, intentemos verlo así. Capaz andemos menos rápido, menos serios, menos estresados, más felices, más optimistas, más convencidos de por qué hacemos lo que hacemos.

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